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dissabte, de setembre 12

Otro poema

Baixant de la font del gat,
una noia, una noia,
baixant de la font del gat,
una noia i un soldat.

Pregunteu-li com se diu:
Marieta, Marieta,
pregunteu-li com se diu:
Marieta de l'ull viu.

dissabte, de juliol 25

Un poema

Poemas » rafael de leon » maria manuela me escuchas

MarÍa manuela, ¿me escuchas?

Yo de vestíos no entiendo,
pero... ¿te gusta de veras
ese que te estás poniendo?
Tan fino, tan transparente,
tan escaso y tan ceñío,
que a lo mejor por la calle
te vas a morir de frío.

Te sienta que eres un cromo,
pero cámbiate de ropa,
si es un instante, lo justo
mientras me tomo esta copa.
Ponte el de cuello cerrao
que te está de maravilla
y que te llega dos cuartas
por bajo de la rodilla.

Cada vez que te lo pones
te encuentro tan elegante
que dentro de mí murmuran
los duendecillos de un cante.
"La rosa que me entregaron
al pie del altar mayor
lleva las sayas cumplías
y nadie le ve el color".

Pero antes de que te vistas
coge un poco de agua clara
y afuera los melinotes
que te embadurnan la cara;
ni más carmín, ni más cremas,
ni más tintes en el pelo;
no te aguanto más colores
que los que te puso el cielo.

Se acabó enseñar las piernas,
y los brazos, y el escote,
y el rostro no te lo pintes
ni aunque te salga bigote;
que te hizo Dios tan hermosa
como una rosa temprana
y se va a enfadar contigo
por enmendarle la plana.

Y a tu prima le devuelves
la pulsera de brillante,
son mucho lujo esas piedras
pa la mujer de un tratante.
Te quiero guapa y sencilla
como yo te conocí,
no tienes que engalanarte
pa nadie más que pa mí.

Ni más zapatos de Gilda,
Ni más turbantes de raso;
para presumir te sobra
con cogerte de mi brazo;
y como un día te vea
que enciendes un cigarrillo
vas a echar, entrañas mías,
el humo por los tobillos.

No quiero que me pregunten
"Esa gachona, ¿quién es?,
¿una secretaria de esas
que beben champán francés?"
Ni tú eres mujer moderna
ni quiero que lo aparentes
que yo te prefiero antigua
y oliendo a mujer decente.

Que con el triguito limpio
toito er mundo te compare,
que por defuera y por dentro
te parezcas a mi mare.
¿Te cambiaste ya el vestío?
Pues andando p'al teatro,
ya verás tú con qué envidia
nos contemplan más de cuatro:
"¡Vaya un marío con suerte
y una mujer bien plantá,
es una vara de nardos
con la carita lavá!".

Y al salir yo te prometo
cantarte por alegrías,
lo mismo que te cantaba
cuando tú eras novia mía:
"Mi novia es la más hermosa
y no se pinta la cara
la tiene como una rosa
tan sólo con agua clara".

El barco de mis amores
no tiene más que una vela
remendaita y graciosa
igual que María Manuela.

Se conforma mi niña con un vestío
y le basta y le sobra con un marío.
De percal que se ponga,
¡viva el salero!,
es mi María Manuela
la reina del mundo entero.
Paqui...

diumenge, de juliol 5

Jajaajja

Soy tan floja que me tiro al piso para que me levanten

pero tan gorda que eso es muy difícil.

Eventualmente alguien se toma la molestia de acostarse

en el suelo a mi lado,

me hace sonreír,

se acompaña conmigo

y yo me dejo,

al fin y al cabo, nunca nos levantaremos.

Estando de panza contra la tierra, somos.

Soñamos más,

hablamos menos,

y hasta a veces, parece que creamos cosas,

como este poema.


Liv.

Otra de liv.

Desde los lugares más pobres del país
la riqueza
el amor
la pulcritud
la rutina
que cincela la creatividad
dejando descansar la mente
en brazos del esfuerzo
entes viejos
al lado de los niños,
nos enseñan todo mientras la pobreza
se ensaña con ellas,
algunos animales conviven con nosotros.
Los jóvenes nos recuerdan que somos el parnaso
los que cargan con todo, que hay prosperidad
mientras viva un árbol
que se puede adorar el espíritu
aunque palidezca la flor
y los mercaderes llenen las plazas de máquinas tragamonedas
aunque descalzos caminen los niños entre las siembras de tabaco
los ojos del sol dan con todo, hasta el minúsculo rincón iluminan
la madre lo sabe.

Livia Díaz.

Un texto de mi amiga Livia

En velorio permanente le acomodaron las manos. "No tiene sus manos" decías, "se las agarraba la gente y de tanto agarrarlas se las llevaron". Y bajo ese manto café y añejo representando su época yacía el Santo. Como en un cuento, en una caja de plata y de cristal con velas electrónicas a los lados para que no se queme. Un señor a lo lejos explicaba los pormenores del Santo... Decía que se llamó Fray Francisco Aparicio que era muy bueno y que cuando lo desenterraron estaba como hasta ahora, momificado. La casa del Santo es enorme, parece una Catedral ¿Es una Catedral?.No importa ahí vive ahora, me fui con él a decirle las cosas que a los humanos no se les puede ir diciendo como quien va por la calle y encuentra a alguien llorando y le preguntas ¿Puedo ayudarle en algo? Porque en verdad ya no le preguntas, pasas rápido queriendo olvidar su imagen en la cabeza que te repite mil veces las veces que te has sentido desamparado en la calle y muchos ojos te vieron quizá con la misma cara de tristeza y compasión o no te vieron como por pasar un semáforo enseguida sin precauciones. Me limpie los mocos y los recuerdos y nos sentamos, la capilla es una especie de remanso como el mar, siempre se mueve pero acuna y agobia. Pero él estuvo ahí, quietecito con su cara de abuelito "que vivió 98 años", que "lleva siglos así" y como si resucitara para cada uno de nosotros y se volviera a morir para que lo sintiéramos, su muerte revive en los corazones de todos. El Santo estaba de fiesta era el día de San Francisco. "¿Quieres llevar una imagen?" Y había llaveros y fotos y corazones y ceniceros y souvenirs... de Santo en tanto me preguntaba ¿quién comprará estas cosas? Pero volvimos afuera y ahí seguía con sus versos pintados en las paredes y los íconos historia enseñando sus actividades al tiempo. El paseo terminaba en la puerta y la explanada llena de puestos de colores y olores llenos de comida y promesas sabrosas, que si tortas, que si tacos, que si queríamos comer... Y el me escuchaba todavía, eran 20 pasos largos hasta la calle y la vuelta, cuesta arriba, un franciscano preparaba el bautismo de varios taxis mientras tú me lo explicabas todo, nunca te dije que me explicas el mundo. Nunca te dije que le expliqué al Santo...

liv.

dimarts, de juny 30

Romance de Doña Ginebra

ROMANCE DE DOÑA GINEBRA

Cabalga doña Ginebra
y de Córdoba la rica,
con trescientos caballeros
que van en su compañía.
El tiempo hace tempestuoso,
el cielo se escurecía,
con la niebla que hace escura
a todos perdido había,
sino fuera a su sobrino
que de riendas la traía.
Como no viera a ninguno,
de esta suerte le decía:
-Toquedes vos, mi sobrino,
vuestra dorada bocina
porque lo oyesen los míos
que estaban en la montiña.
-De tocarla, mi señora,
de tocar sí tocaría,
mas el frío hace grande,
las manos se me helarían,
y ellos están tan lejos
que nada aprovecharía.
-Metedlas vos, mi sobrino,
so faldas de mi camisa.
-Eso tal no haré, señora,
que haría descortesía,
porque vengo yo muy frío
y a vuestra merced helaría.
De eso [no] curéis, señor,
que yo me lo sufriría,
que en calentar tales manos
cualquier cosa se sufría.
Él, desque vio el aparejo,
las sus manos le metía,
pellizcárale en el muslo
y ella reído se había.
Apeáronse en un valle
que allí cerca parescía,
solos estaban los dos,
no tienen más compañía,
como veen el aparejo,
mucho holgado se habían.

dimecres, de juny 24

La manta al coll

La manta al coll i el cabasset
mon anirem al Postiguet
la manta al coll i el cabasset
mon anirem mon anirem al Postiguet
arreando a xim pam pum
arreando a xim pam pum

Una volta passejava
un guardia 'monocipal'
passejant-se per la plaça
cap amunt i cap avall
de la bragueta li faltava
la mansaneta i un boto
per allí se li mostraba
En Joaquim el director

El tio Pep de l'horta
es va trobar de casa
oberta la porta
pujant per l'escaleta
es troba un senyoret
que oberta la bragueta
li ensenyaba el cacahuet

Les xiques de Xixona
s'han comprat una romana
per a pesar-se les mamelles
dos voltes a la setmana
si vols que te les pese
posat panxa cap amunt
i voras quina polseguera
t'ix pel forat del cul

Per dos quinzets un puro
per tres una pipa
per quatre una guitarra
per cinc una xica
el puro pa fumar
la pipa pa lluir
la guitarra pa tocar
i la xica pa dormir

El Romance del Conde de Sisebuto


A cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo,
existe un castillo viejo
que edificó Chindasvinto.

Lo habitaba un gran señor,
algo feudal y algo bruto;
se llamaba Sisebuto
y su esposa, Leonor,

y Cunegunda, su hermana,
y su madre, Berenguela,
y una prima de su abuela
que atendía por Mariana,

y su cuñado, Vitelio,
y Cleopatra, su tía,
y su nieta, Rosalía,
y su hijo mayor, Rogelio.

Era una noche de invierno,
noche cruda y tenebrosa,
noche sombría, espantosa,
noche atroz, noche de infierno,

noche fría, noche helada,
noche triste, noche oscura,
noche llena de amargura,
noche infausta, noche airada.

En un gótico salón
dormitaba Sisebuto,
y un lebrel seco y enjuto
roncaba en el portalón.

Con quejido lastimero
el viento fuera silbaba,
e imponente se escuchaba
el ruido del aguacero.

Cabalgando en un corcel
de color verde botella,
raudo como una centella
llega al castillo un doncel.

Empapada trae la ropa
por efecto de las aguas,
¡como no lleva paraguas
viene el pobre hecho una sopa!

Salta el foso, llega al muro,
la poterna está cerrada.
-¡Me ha dado mico mi amada!
-exclama-, ¡vaya un apuro!

De pronto algo que resbala
siente sobre su cabeza;
extiende el brazo y tropieza
con la cuerda de una escala.

-¡Ah!... -dice con fiero acento.
-¡Ah!.. -vuelve a decir gozoso.
-¡Ah!.. -repite venturoso.
-¡Ah!.. -otra vez, y así, hasta ciento.

Trepa que trepa que trepa,
sube que sube que sube,
en brazos cae de un querube,
la hija del conde... ¡la Pepa!

En lujoso camarín
introduce a su adorado,
y al notar que está mojado
lo seca bien con serrín.

-Lisardo... mi bien, mi anhelo,
único ser al que adoro,
el de los cabellos de oro,
el de la nariz de cielo,

¿qué sientes, di, dueño mío?,
¿no sientes nada a mi lado?,
¿qué sientes, Lisardo amado?
Y él responde: - Siento frío.

-¿Frío has dicho? Eso me espanta.
¿Frío has dicho? eso me inquieta.
No llevarás camiseta
¿verdad?... pues toma esta manta.

-Y ahora hablemos del cariño
que nuestras almas disloca.
Yo te amo como una loca.
-Yo te adoro como un niño.

-Mi pasión raya en locura,
-La mía es un arrebato.
-Si no me quieres, me mato.
-Si me olvidas, me hago cura.

-¿Cura tú?, ¡Por Dios bendito!
No repitas esas frases,
¡en jamás de los jamases!
¡Pues estaría bonito!

Hija soy de Sisebuto
desde mi más tierna infancia,
y aunque es mucha mi arrogancia,
y aunque es mi padre muy bruto,

y aunque temo sus furores,
y aunque sé a lo que me expongo,
huyamos... vamos al Congo
a ocultar nuestros amores.

-Bien dicho, bien has hablado,
huyamos aunque se enojen,
y si algún día nos cogen,
¡que nos quiten lo bailado!

En esto, un ronco ladrido
retumba potente y fiero.
-¿Oyes? -dice el caballero-,
es el perro que me ha olido.

Se abre una puerta excusada
y, cual terrible huracán,
entra un hombre..., luego un can...,
luego nadie..., luego nada...

-¡Hija infame! -ruge el conde.
¿Qué haces con este señor?
¿Dónde has dejado mi honor?
¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?, ¿dónde?

Y tú, cobarde villano,
antipático, repara
cómo señalo tu cara
con los dedos de mi mano.

Después, sacando un puñal,
de un solo golpe certero
le enterró el cortante acero
junto a la espina dorsal.

El joven, naturalmente,
se murió como un conejo.
Ella frunció el entrecejo
y enloqueció de repente.

También quedó el conde loco
de resultas del espanto.
El perro... no llegó a tanto,
pero le faltó muy poco.

Desde aquel día de horror
nada se volvió a saber
del conde, de su mujer,
la llamada Leonor,

de Cunegunda su hermana,
de su madre Berenguela,
de la prima de su abuela
que atendía por Mariana,

de su cuñado Vitelio,
de Cleopatra su tía,
de su nieta Rosalía
ni de su chico Rogelio.

Y aquí acaba la leyenda
verídica, interesante,
romántica, fulminante,
estremecedora, horrenda,

que de aquel castillo viejo
entenebrece el recinto,
a cuatro leguas de Pinto
y a treinta de Marmolejo.

Autor: Joaquín Abatí y Díaz